El Azote de Dios : Atila
El Azote de Dios : Atila
«Donde pisa mi caballo, no vuelve a crecer la hierba», decía sucintamente según la leyenda. Temido por todos sus contemporáneos, sembró el terror en Europa y se convirtió en uno de los principales impulsores de las Invasiones Bárbaras que cambiaron la cara de Europa y favorecieron el surgimiento de nuevos pueblos. Aún hoy en día, la connotación diabólica de su nombre pervive evocando destrucción y barbarie. Descrito como "nacido para sacudir las naciones" por el historiador y funcionario godo Jordanes en su obra Getica, él grabó el legado siniestro de los hunos con sangre en la memoria de Europa. Entonces, ¿Quién fue realmente Atila el Huno o, en otros términos, El Azote de Dios?
Desmentido: Contrariamente a la creencia popular, Atila nunca fue llamado El Azote de Dios por sus contemporáneos. Esta apelación, en vez de haber sido acuñada de una vez, se perfiló paulatinamente en círculos religiosos después de su muerte.
Antes que nada, hay que ponerse en contexto de la época para comprender los sucesos que se desencadenaron uno tras otro en el siglo IV y V. Los hunos no son oriundos de Europa y un par de caudillos se encontraron a la cabeza de los hunos antes del ascenso al poder de Atila. Con respecto a sus orígenes, los hunos constituían una de las numerosas tribus nómadas de Asia Central junto a los sármatas. Montaban a caballo, hablaban una lengua propia—de la que no quedó constancia documental— y su estilo de vida nómada estaba marcado por una migración continua al compás del clima, de los pastos y de la presión de sus vecinos. Supuestamente perseguido por la China fuerte bajo la dinastía de Han y forzado por la fertilidad del pasto en declive que no proporcionaba suficiente alimento en forma de césped para sus caballos, este pueblo robusto abandonó sus tierras ancestrales y emprendió un exilio permanente hacia Occidente, originando y alimentando una reacción en cadena sobre otros pueblos que huyeron de ellos.
El origen de los hunos
La primera ola de migración de los hunos fue, según escasas fuentes de la que se dispone, liderada por su primer caudillo llamado Balamber que derrotó a los alanos y avasalló a los greutungos—una rama de diversos pueblos godos— nada más cruzar el río Volga, lo que resultó en la huida de muchos pueblos llamados colectivamente bárbaros por los romanos hacia el seno de su gigantesco Imperio que, en decadencia desde hace mucho a raíz de conflictos internos, todavía abarcaba un territorio extenso desde Alejandría hasta Londres.
Varios líderes hunos asumieron el poder uno tras el otro de acuerdo con las estimacions de los historiadores, sin embargo, debido a la falta de contacto directo con los romanos, sus vidas no están muy bien documentadas a diferencia de la de Uldin cuya historicidad está plenamente autenticada. Entretanto, los hunos se consolidaron en el norte del Danubio y las relaciones diplomáticas se afianzaron. Ganaron cada vez más peso como un poder regional que se alternaba para saquear los Balcanes del Imperio romano y protegerlos como mercenarios a su sueldo hasta que llegase ese suceso inevitable: la división del Imperio. Al ver la imposibilidad de reinar eficazmente un imperio tan vasto y al tener en cuenta muchos asuntos problemáticos como la estampida literal de los bárbaros en sus fronteras que desmigajaban sus territorios o interminables intrigas que carcomían el Estado desde adentro, el emperador Teodosio I ordenó su división en dos partes iguales a su muerte a título de testamento y, de este modo, el Imperio romano se dividió en dos nuevos Estados en 395 : el Imperio romano de Occidente bajo Flavio Honorio y el Imperio romano de Oriente bajo Flavio Arcadio.
Otro punto de inflexión importante se produjo tras el óbito de Charaton que había heredado el reino de Uldin : Los hermanos Octar y Rugila instauraron la diarquía tradicional que implicaba un gobierno con dos monarcas que compartían entre sí el este y el oeste de sus dominios. De paso, cabe añadir que la diarquía era un régimen bastante común a los pueblos nómadas de las estepas eurasiáticas para facilitar el control sobre los súbditos debido a la vasta extensión de sus dominios móviles y borrosos. Cuando Rugila empezó a reinar solo tras perder a su hermano, pudo someter al Imperio romano de Oriente, igualmente denominado como el Imperio bizantino por los historiadores, y les impuso un tributo asfixiante que marcó el comienzo de la rivalidad irremediable y antagónica entre ambos pueblos.
Desmentido: Una idea errónea muy común reza que Atila habría crecido en Roma como rehén de honor. En realidad, Flavio Aecio fue mandado a la corte huna como rehén de honor por parte de los romanos de Occidente sin homólogo huno en Roma. Él aprendió el idioma huno y observó su cultura, recibiendo también formación administrada por ellos, lo que le permitió más tarde enfrentarse a Atila en calidad de general. Sin embargo, es bastante extensa la leyenda urbana de que este tratado que implicaba rehenes de honor era simétrico o mutuo. En todo caso, ningún rehén de honor fue mandado a Roma o Mediolanum, Milano actual, como garantía de paz por parte de la corte huna. En resumen, Atila no dominaba el latín y mucho menos conocía la cultura de primera mano si bien era capaz de "chapurrear" el ilirio, el griego y el latín además de su lengua natal, producto de años de negociaciones diplomáticas. Esta creencia es entonces una falsedad total.
El ascenso al trono de Atila y Bleda
A Rugila, le sucedieron Atila y su hermano Bleda que manifestaban caracteres completamente opuestos. Mientras que Bleda, responsable del este como rey mayor, era un hombre cuyo hedonismo se sobreponía a sus sueños, Atila se encontraba en las antípodas de su hermano con su personalidad frugal y temperamento belicoso y ambicioso que prevalecía sobre todo. Anhelaba conquistar el mundo en la medida de sus capacidades y arrasar todas las ciudades en su camino. Casi representaba la cúspide de la salvajería bárbara hasta para los vándalos, a partir de los cuales una palabra entera fue acuñada en referencia a la destrucción voluntaria y malintencionada.
En cuanto a la apariencia física de Atila, el historiador Prisco de Panio pudo conocer a Atila en persona y de cerca tanto como para sacar una descripción exhaustiva de sus rasgos físicos durante su estancia diplomática en su capital itinerante. Según escribía, era un hombre muy espaldudo y fornido, de barba canosa y tez curtida, bajo de estatura con una cara desproporcionadamente grande para su cuerpo. Tenía una nariz chata y ojos diminutos. Pese a su paso altivo acompañado de su cabeza erguida, llevaba asombrosamente una vida de sobriedad y austeridad llamativas. Sus comensales estaban servidos pomposamente con platos y cubiertos dorados mientras que él comía de un plato de madera y bebía de una copa de madera. En contraste con sus subordinados que ostentaban adornos presuntuosos en su ropa o armadura, Atila se mostraba reacio a presumir del lujo material. Su vestimenta no distaba de la de sus generales salvo por su limpieza impecable. En pocas palabras, cabe describirlo como un hombre de contrastes impactantes que rechazaba la gloria para su persona que tanto buscaba para su pueblo.
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| La fiesta de Atila por Mór Than en 1870 |
En sus primeros años de regencia conjunta, Atila y Bleda declararon la guerra al Imperio romano de Oriente y su primer enfrentamiento con Constantinopla fue concluido con el Tratado de Margus firmado por Flavio Plinta en 435, que doblaba el tributo de 350 libras anteriormente exigido. Sin embargo, esta paz no fue duradera cuando algunas tumbas hunas del otro lado del Danubio fueron profanadas por el clero de Margus liderado por su obispo. Así estalló otra guerra y los reyes hermanos incursionaron en los Balcanes para saquear asentamientos como Margus (Požarevac), Singidunum (Belgrado) o Naissus (Niš) valiéndose del descuido y la distracción en la región a causa de los asaltos vándalos sobre ciudades bizantinas en el norte de África antes de replegarse al otro lado del Danubio. Sus ejércitos, compuestos mayoritariamente de caballería, causaron estragos entre provincias romanas. Aparte de un tributo exorbitante, exigían igualmente la devolución inmediata del obispo acusado de la profanación. En medio de la crisis, el obispo, perseguido por los ciudadanos para ser entregado a los hunos con la esperanza de apaciguar a Atila, cambió de chaqueta y se unió a los hunos en un acto alevoso, ofreciéndoles abrir las puertas de la ciudad secretamente al amparo de la noche a cambio de su vida. A falta de fuentes históricas fehacientes, se supone que el obispo llegó a salvar el cuello con su traición sin mucha precisión. En 443, la guerra llegó a su fin con el Primer Tratado de Anatolio firmado por el cónsul Anatolio. Demasiado pesado para los bizantinos, el tributo anual que se requería del Imperio romano de Oriente se elevaba a 2100 libras de oro anuales (más de 600 kilógramos de oro al año) con un pago inmediato de 6000 libras (cerca de 2 toneladas de oro). y, además, los bizantinos ya no eran autorizados a entablar alianzas con enemigos de los hunos en virtud del tratado.
La Muerte de Bleda y los Tratados de Anatolio
A pesar de toda la superioridad militar y diplomática de los hunos, los bizantinos quebrantaron otra vez el tratado poco antes de un punto de inflexión que alteraría para siempre el rumbo de la vida de Atila: La aparente convivencia de ambos hermanos no disfrutaba de un buen pronóstico a largo plazo porque Atila estaba restringido en sus acciones como rey menor por la oposición de su hermano y no podía actuar conforme a sus ambiciones políticas. Al cabo de una hermandad contenciosa, Bleda falleció de manera repentina en circunstancias nebulosas en 445, dejando a Atila solo al mando. Aunque la muerte de Bleda se registró como corriente accidente de cacería para los hunos, los cronistas de la época se ladean a la probabilidad de que se trataba más de un asesinato para acaparar el control absoluto. ¿Coincidencia del destino, fratricidio ejecutado por Atila o intriga orquestada por sus hombres? Nunca sabremos a ciencia cierta pero una cosa es clara: de este modo, Atila tomó las riendas de su pueblo con libertad total en el año 445 y reanudó su marcha sobre el Imperio romano de Oriente para vengar el quebrantamiento del tributo.
A lo largo de su campaña militar, el ahora único caudillo de los hunos se mostró mucho más hostil e intolerante hacia Constantinopla. Se vivió una verdadera pesadilla a través de los Balcanes y la violencia culminó en 447 con la Batalla de Utus cerca de la actual Bulgaria. En esta batalla, el general romano de origen godo Arnegisclo, pese a la muerte de su caballo durante la batalla, se negó a retroceder y prefirió seguir combatiendo a pie al lado de su ejército hasta su caída heroica en el campo de batalla. Amén de toda la destrucción que Atila infligiría, los romanos ya habían sido bastante debilitados por todas sus grietas tanto intrínsecas como extrínsecas. Asimismo, un terremoto devastador había colapsado las 57 torres de Constantinopla a inicios del mismo año. El prefecto de la ciudad había hecho repararlo con extraordinaria rapidez, con el propósito de disuadir a Atila, lo que funcionó y logró desviar a Atila. Al fin y al cabo, los romanos de Oriente se vieron obligados a firmar una nueva paz para poder apaciguar al "Azote de Dios" como iba a ser conocido en su posterioridad. En estas circunstancias sombrías y desesperantes se firmó la Segunda Paz de Anatolio que propinó un golpe tan fuerte y traumático a los romanos como tardaron múltiples años para recuperarse. En virtud del tratado, los hunos reafirmaron el previo tributo anual de 2100 libras con el pago de 6000 libras. Por encima, los cautivos de guerra hunos fueron devueltos mientras que los romanos debieron pagar 12 solidi por cada rehén, asimismo una zona de amortiguación desmilitarizada fue trazada a lo largo del Danubio.
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| El retrato de Atila en Liber Chronicarum (Las crónicas de Núremberg), 1493 |
La campaña de Galia
El Imperio romano de Oriente conocido como el Imperio bizantino ya estaba exhausto en términos de botín que ofrecerles, por lo tanto Atila buscaba nuevas presas para su sed cuando le llegó la oportunidad imperdible en una bandeja dorada. En 450, Justa Grata Honoria le envió un anillo a Atila, pidiéndole ayuda para escapar de un matrimonio concertado sin su consentimiento. Atila interpretó este envío como una propuesta de matrimonio y exigió la mitad del Imperio romano de Occidente a modo de ajuar, lo que fue obviamente rechazado por el entonces emperador Valentiniano III. Así lanzó Atila su gran ofensiva esta vez contra los romanos occidentales con el pretexto de acudir en ayuda de la princesa romana. Atravesando la Germania, correspondiente a Alemania actual, y cruzando el Rin, Atila asedió y saqueó Metz antes de encaminarse rumbo a Aurelianum (Orléans) pero el asedio fue interrumpido por la intervención de los refuerzos romanos bajo el liderazgo de Flavio Aecio y sus aliados visigodos bajo el liderazgo de Teodorico I. Nada más retirarse a las cercanías de la actual ciudad francesa de Châlons-en-Champagne, los dos bandos chocaron entre sí en la Batalle de los Campos Cataláunicos en el año 451 aunque exista discrepancia con respecto a la fecha exacta de la batalla, situándose entre el 20 de junio y el 20 de septiembre de dicho año. El resultado fue una de las batallas campales más sanguinarias de toda la Antigüedad—cabe aclarar que la historiografía sitúa el inicio de la Edad Media en el año 476, la desaparición del Imperio romano de Occidente en manos de Odoacro. Si bien Atila pudo eliminar a Teodorico I durante la sangrienta batalla, no llegó a imponerse contra las legiones de Flavio Aecio y se retiró finalmente. Esta derrota, aunque esta guerra sea difícil de evaluar militarmente para pronunciar una derrota o una victoria decisiva al juicio de muchos historiadores, era un punto de inflexión de suma importancia visto que su retirada refutaba la invencibilidad de Atila que le estaba atribuida.
La campaña de Italia
En consecuencia de la derrota que sufrió su ejército, Atila volvió a los alrededores del Danubio para avituallarse antes de atacar por segunda vez el Imperio romano de Occidente, esta vez directamente en su corazón: Italia. En primer lugar, sacudió la península italiana a fuerza de saquear ciudades como Mediolanum (Milano) y Aquileia. Dicho sea de paso, la leyenda sostiene que los fugados procedentes de Aquileia, que Atila arrasó cuando interpretó las cigüeñas alejarse de la ciudad como un signo de mal agüero, construyeron consiguientemente la ciudad de Venecia en la laguna pantanosa de Venecia que proporcionaba un refugio marítimo idóneo. Al término de sus hazañas militares iniciales, Atila omitió a Ravenna, verosímilmente a causa de la ciénaga circundante infranqueable. En consecuencia, se desató un gran pánico entre los romanos y las autoridades decidieron despachar al papa de la época, Leo I, al encuentro de Atila en 452.
No se sabe con certeza lo que influenció la resolución de Atila pero la catástrofe no hizo más que rozar a Roma puesto que Atila renunció a la ciudad eterna y dio por terminada su campaña militar de manera repentina. Abundan las teorías al respecto, sin embargo los asaltos bizantinos que habían comenzado a hostigar el este de sus territorios gozan de la mayor aceptación en comparación con el resto. Aun así el mito cristiano sugiere un factor vinculado con el cristianismo o la personalidad del papa mientras que las naciones que se reivindican descendientes de los hunos postulan a veces que el papa, de rodillas ante Atila, habría sufrido de una gran humillación e ofrecido sumas astronómicas a cambio de su regreso. Tenida cuenta de la personalidad de Atila, ni la persuasión ni la imploración por parte del Sumo Pontífice serían, al parecer, capaz de romper su terquedad férrea, lo que favorece la teoría de los asaltos en el Oriente. Entonces, tomó la decisión de retirada probablemente por una combinación de factores multifacéticos.
El fin del Azote de Dios
A su regreso, Atila decidió contraer matrimonio con una noble goda Ildico en 452 mientras que planeaba nuevas campañas contra el Imperio bizantino y los pueblos germánicos de Panonia. No obstante, él no pudo alcanzar dichas metas porque su historia no duró mucho. En su noche de bodas, su cuerpo fue hallado por sorpresa sin vida en su tienda, probablemente a causa de una hemorragia nasal agravada por la borrachera. Asimismo dio su fallecimiento súbito dio pie a un sinfín de especulaciones. Para el mundo de su época, era un acontecimiento tan sensacional como para ser incorporado en leyendas y mitos tales como Niebelungenlied donde figura bajo el nombre de Kriemhild que venga a su pueblo asesinando al rey huno llamado Etzel poco después de casarse con él.
El mismo Prisco de Panio mencionado un poco antes transmitió igualmente algunos detalles sobre la muerte trágica de Atila. Según su relato, él se habría atragantado con su propia sangre después de una hemorragia nasal en estado de estupor durante su noche de bodas.
En cuanto a la eventual implicación de Ildico en el suceso, no existe prueba alguna que endose la hipótesis de asesinato. Ildico se desvaneció silenciosamente de la historiografía justo después de la muerte de Atila, ni siquiera se menciona su nombre en otro lugar o tiempo. Su historicidad está autenticada pero su destino no está conocido.
Por otro lado, el entierro de Atila está también rodeado de misterios porque los sirvientes que lo portaron en sus hombros por última vez fueron inmediatamente matados para que nunca se conozca el lugar exacto de sus restos. Lo único que se sabe al respecto es que su ataúd estaba cubierto de tres capas diferentes de oro, plata y cobre que representaban respectivamente su riqueza, su realeza y su poder.
Aunque los húngaros y los turcos se reivindiquen la herencia de los hunos, ni uno ni el otro parecen corresponder a los hunos directamente. Desde luego, ambos pueblos provinieron de las estepas de Asia Central y ambos pueblos están emparentados con los hunos pero el hecho de que los hunos hablaban otro idioma y no llegaron a conservar su unidad tras la muerte de Atila muestra que probablemente eran nada más que un pueblo primo de ambos. Hoy en día, no quedó nada de los hunos.
Así acabó la historia de Atila, no menos llena de misterios y leyendas, dejando un legado inolvidable controvertido. Su nombre siguió terrorizando a Europa durante siglos. Sin embargo, el imperio que había forjado con empeño se desintegró rápidamente tras él. Las tribus germánicas se unieron bajo el liderazgo de Ardaric de los Gépidos y derrotaron a los hunos en la Batalla de Nedao (454 o 455 AD) donde el hijo mayor de Atila, Ellac, fue asesinado. En consecuencia, los hunos se dispersaron poco a poco y se esfumaron de la historia para siempre pero el fuego que habían prendido a Europa iba pronto a devorar el Imperio Romano de Occidente.
Gracias por la lectura,
Athel.


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